lunes, 30 de abril de 2018

Irueña, castro vettón y ciudad romana (2018-05).

A unos cinco kilómetros al sur de Fuenteguinaldo, el río Águeda ha tallado un profundo cañón. En su margen izquierda, el modesto arroyo Rolloso también ha modelado el terreno antes de su desembocadura, dejando entre ambos cursos de agua un marcado espigón fluvial con forma de meseta. No es de extrañar que hace veintiséis siglos, en la segunda Edad del Hierro, un pueblo eligiera este emplazamiento para vivir. En tiempos tan inciertos sus defensas naturales favorecían la fortificación por tres de sus cuatro lados.


El castro de Irueña es todavía casi un desconocido, aunque en su interior se hayan encontrado restos significativos, el más conocido de los cuales es “la Yegua”, una de las mayores esculturas zoomorfas que existen en el territorio vettón. Hubo además (al menos) otros tres verracos de menor tamaño.

En la parte alta del teso son visibles unas murallas con 1.822 m de longitud que parecen cerrar un recinto principal con forma de elipse y unas 15 hectáreas de superficie. Este tamaño ya indicaría que es el mayor de los existentes en la provincia de Salamanca, pero es que recientes investigaciones con técnicas de visualización desde el aire llevadas a cabo en 2017 han ajustado su tamaño hasta las 22 ha. Sólo como dato para comparar, el de Yecla de Yeltes tiene 5 ha y el de Las Merchanas 8,5 ha.



Tras la ocupación vetona llegaron los romanos, quienes dieron esplendor a la ciudad construyendo templos y edificios de gran porte, como se demostró en las dos zonas excavadas en el s. XX. Irueña alcanzó en esta época el rango de mvnicipium (la segunda clase más alta para una ciudad romana) de acuerdo con el Edicto de Vespasiano del 74 a. C.



La ocupación de la ciudad continuó con los visigodos y en época medieval, hasta su abandono. En 1168 fue cedido por Fernando II de León al Obispado de Ciudad Rodrigo. Tras la desamortización de Mendizábal en 1.836 pasó a ser una propiedad privada y sólo en febrero de 2018 ha pasado a ser terreno municipal de Fuenteguinaldo.



Los restos de la ciudad han sido reutilizados, expoliados, maltratados y trasladados durante siglos. No obstante, aún se conservan en su lugar de origen cimentaciones, sillares, columnas y otros vestigios pétreos, la mayoría de granito.

En este punto hay que señalar que el substrato lítico del teso está formado básicamente por pizarras. El granito procede de canteras alejadas, las más cercanas situadas a más de dos kilómetros de distancia en línea recta. Desconozco la procedencia del mármol (tomé las fotos que van debajo, la del mármol y la tégula en 2011 y nunca más he vuelto a ver esas dos piezas en posteriores visitas).




En el colmo de la ignorancia y la codicia, la “Yegua de Irueña” fue volada con barrenos en los últimos años del s. XIX para “buscar su tesoro escondido”. Como consecuencia, yacía fragmentada hasta que a finales del año 2017 fue restaurada y hoy se yergue de nuevo de forma parecida a como estuvo durante más de veinte siglos.



La escultura tiene un peso estimado de 5,5 toneladas, una longitud de 2,30 m, altura de 1,62 y circunferencia abdominal de 3,10 m. Su nombre está injustificado, porque, aunque es una hembra, como bien a las claras ponen de manifiesto sus obvios órganos sexuales, su forma no es la de ese animal, aunque tampoco parece una vaca; es un cuadrúpedo indeterminado o exagerado. Los pliegues de la piel y los detalles anatómicos recuerdan al verraco de Tabera de Abajo (Salamanca) y en cierto modo a los de Guisando (Ávila).

La enorme figura se talló en una sola pieza. El bloque de granito donde fue tallado fue traído desde Peñaparda, a algo más de 4 km de distancia en línea recta y podría haber pesado once o doce toneladas.

Siguiendo las últimas conclusiones tras la más reciente excavación, su situación ha permanecido invariada desde que se construyó e instaló por los vettones. Esto es un hecho inusual, pues estaría situada intramuros, mirando a una de las puertas de entrada al castro, en la parte con más difícil defensa y con mejor posibilidad de paso para el ganado hacia las zonas de pasto y abrevadero.

La puerta donde se ubica “La Yegua” daría paso a un encerradero de ganados previo a la propia ciudad. La presencia de encerraderos de ganado amurallados aparece en muchos castros de la época, por ejemplo en los abulenses de Las Cogotas y La Mesa de Miranda (Chamartín).

Esta puerta había pasado desapercibida hasta ahora, pero se ha confirmado por la ausencia de cimentaciones en un tramo de 12 m entre dos acumulaciones correspondientes a tramos de muralla. Por otra parte, su ubicación coincide con la presencia de un camino moderno que atraviesa un foso y taludes artificiales. Es posible que dicho camino se construyera sobre otro antiguo, pues se dirige directamente hacia la puerta.

Hay varios tramos de murallas bien visibles así como terraplenes que permiten seguir su recorrido. Presenta algunas particularidades, como su longitud, el hecho de que su trazado es bastante lineal y no adaptado a la topografía del terreno, la ausencia aparente de bastiones y también su construcción, de mampostería de pizarra en seco, que no parece muy fuerte como defensa. En la parte que da al Águeda se muestra como un paramento o muro de contención que bordea el acusado terraplén hacia el río, aunque en el norte también utiliza sillares de granito.

En el área excavada llamada “La Plaza” se observan restos monumentales romanos como basas, cornisas o fustes que indican la presencia de una construcción importante, como un templo o palacio que daría vistas sobre el Águeda y a su vez sería visto desde gran distancia, como una marca de prestigio y ostentación. En época posterior se construyó un santuario cristiano y una necrópolis. En la zona denominada “La Calle” hay un canal de desagüe también monumental, que indica una construcción no menos importante que la anterior.




Tras la construcción del embalse de Irueña, se procedió a desmontar los restos arqueológicos procedentes del castro que se usaron en la construcción del “Molino del Sobrao”, situado en la proximidad. El hecho de que se reutilizaran estos restos evitó su pérdida como sin duda ha ocurrido con muchos otros. Entre dichos elementos se encontraban un miliario de gran importancia documental, un sarcófago antropomorfo y otros elementos arquitectónicos como basas, sillares y cornisas.

El miliario tiene 238 cm de longitud, pertenece al reinado de Augusto y está datado entre el año 16 a.C. y el 6 a.C. , unas fechas muy tempranas, considerando que la colonia Augusta Emérita (Mérida) fue fundada en el 25 a.C. Otra importancia adicional es su ubicación, fuera del trazado tradicional de la “Vía de la Plata” lo que pone de manifiesto la actividad vial romana en una zona donde no se conocía hasta una época posterior. El miliario indica una distancia de 120 millas hasta Emérita (Mérida) y la vía posiblemente se dirigiera a algún punto del oeste peninsular con explotaciones mineras. Tal vez la "Ruta de la Plata" no fuera un sólo camino, sino varios. Se conserva en el patio central del Museo Provincial de Salamanca.

Además, hay al menos dos inscripciones epigráficas que presentan dudas sobre su procedencia. No se ha llegado a un acuerdo entre los investigadores, pero es posible que procedan de Irueña a pesar de que fueron encontradas en Ciudad Rodrigo, dado que a partir del s. XVI muchos materiales de Irueña fueron desmontados y trasladados. La duda razonable se extiende también sobre las Tres columnas, símbolo de Ciudad Rodrigo, cuyo estilo, diámetro y composición del granito corresponde al de las basas de un posible templo existente en Irueña ¿Se extrajo la piedra de la misma cantera? ¿las tallaron las mismas personas? ¿fueron trasladadas a lo largo de lo siglos?
No hay certeza, pero son muchas coincidencias. En cualquier caso, sería compatible que Ciudad Rodrigo también se monumentalizara en época romana. A fin de cuentas, la distancia entre las ciudades de Helmántica (Salamanca) y Bletisama (Ledesma) es prácticamente la misma que la que hay entre Ciudad Rodrigo e Irueña.


Mención aparte merece la presa romana del arroyo Rolloso, situada a unos dos kilómetros y que regulaba el suministro de agua para la ciudad. La presa es perfectamente identificable actualmente, aunque no se ha encontrado aún el acueducto, que posiblemente fuera en parte subterráneo.



Volviendo a la ciudad, en la zona exterior a la escultura zoomorfa hubo una obra defensiva compuesta por un foso de unos 10 m de profundidad y al menos 30 m de longitud.


Los estudios llevados a cabo en 2016 ponen de manifiesto la existencia de construcciones exteriores a la muralla que permitieron un uso mayor del terreno. Debe destacarse que hacia el Suroeste, en el cerro más cercano y frente a la puerta de “La Yegua” existió un recinto rectangular amurallado, con fosos, taludes y una puerta en ángulo reforzada con otro foso. La longitud de cada lado era de 370 m.

Entre las conclusiones del estudio que se llevó a cabo en 2016, a falta de las necesarias excavaciones, se indica que:

- Bajo los restos actuales debe esconderse un importante oppidum prerromano.

- La actual muralla rectilínea quizá sea la consecuencia de haber reutilizado la vieja muralla prerromana para levantar un muro medieval que fue poco más que una cerca.

- El tamaño, de hasta 27 ha con los recintos exteriores, hace factible que los romanos ocupasen este espacio y construyesen en él grandes edificios monumentales, para elevar su dignidad a la categoría de mvnicipivm.

- El recinto de planta cuadrada identificado frente al acceso del oppidum (e incluso un segundo similar y más alejado) parece un emplazamiento militar situado para controlar la entrada y salida al oppidum.


El yacimiento arqueológico es Monumento Histórico (Decreto 3/06/1931) y Bien de Interés Cultural. Esto implica que tiene protección total y está rigurosamente prohibida la retirada de ningún resto, sea del tipo que sea.

La información que se obtiene con los estudios arqueológicos llegará, antes o después en función de los recursos disponibles, pero las modificaciones, destrucción o robo de materiales en este y en todos los yacimientos arqueológicos, además de ser un delito, nos puede privar de información básica para conocer el pasado. No debemos llevarnos nada más que nuestro recuerdo y la emoción de saber que estamos en un lugar que fue habitado durante generaciones.

La excavación, conocimiento y musealización del castro de Irueña será un valor que aportará conocimiento, pero también orgullo para los habitantes de la región y ayuda para un mayor desarrollo económico.


El próximo día 20 de mayo haremos una excursión por la zona, que organizamos La Asociación de Amigos del Castro de Irueña y la Asociación Cultural La Facendera. Durante el recorrido tendremos explicaciones de los lugares que visitaremos, desde los puntos de vista natural, histórico y arqueológico.  Entre otros lugares de interés patrimonial y natural, visitaremos el despoblado del Villar de Flores, el puente del Villar o de Arrellados, la cañada de Merinas, el Dolmen de la Cañada, la presa romana del Rolloso y el Castro de Irueña. Terminaremos en Fuenteguinaldo, donde hemos incluido una parada para tomar un refresco y unos pinchos. La visita a la iglesia, con su retablo y original torre la haremos si disponemos de tiempo suficiente.

Carmen Castaño, natural de Fuenteguinaldo y yo somos los organizadores de esta marcha por parte de La Facendera. Iremos acompañados por algunas personas de los Amigos del Castro y del pueblo.

Además, el día 18 de mayo, viernes, llevaremos a cabo una charla divulgativa en la Casa de las Conchas, a las 20 h, con el título “Irueña, reconstruir el pasado para buscar el futuro”. La impartirá Paula García Encinas, miembro de la directiva de la Asociación de Amigos del Castro de Irueña. Te invitamos a acudir a la charla y te animamos a que te acerques a Fuenteguinaldo para conocer el Castro, con su reconstruida “Yegua”, así como los otros monumentos naturales y culturales que existen en la zona, como el Rebollar, las dehesas, los monumentales dólmenes (Huerta de las Ánimas y la cañada del Villar), el menhir de los Regaos o el templo parroquial del s. XVI con su magnífico retablo de Lucas Mitata.

 
 


 



Para saber más:

M. Gómez Moreno fue el primer investigador solvente que visitó el yacimiento a principios del s XX. En sus escritos nos da pistas para comparar su estado con el que observamos a día de hoy.

Deja constancia de “(…) sus muchos edificios romanos y de tres columnas levantadas que llaman los milagros de Urueña”, también indica que había otras caídas por el suelo y que las piedras eran llevadas a los pueblos cercanos para hacer casas.

“(…) Al noreste se halla el molino del Sobrado, hecho con piedras de la ciudad”

Hacia el norte observa los cimientos de una puerta formando repliegue en curva hacia adentro junto con trechos de muro y “(…) un sitio que llaman puerta del Sol, hasta donde sube otro camino desde el río, cabalgando sobre muretes”. Indica la presencia de restos de otras dos puertas.

“(…) Todo el suelo de la ciudad es un cúmulo de ruinas, asomando, entre zarzas y matorrales, montones de lajas y de cantos de granito (…) traídos de lejos, cimientos, sillares, ladrillos, pedazos de tégulas e ímbrices, paredes y otros vestigios acusando el estrago de sus casas y templos, pues la ciudad mantuvo importancia en la época romana y erigió monumentos grandiosos”.

Describe un cuadrilátero grande y llano que llaman la Plaza, donde debió haber varios edificios y al menos un templo “(…) allí yace aún media basa ática de granito (…) con 0,85 m de diámetro para el fuste. Otras dos bases iguales y enteras se han llevado a Fuenteguinaldo, sirviendo de pie a la Cruz del camposanto y a la que surge ante la ermita (…) parecen hermanas de las tres columnas que hay en Ciudad Rodrigo, y esto me hace sospechar si serían llevadas a desde aquí en el XVI, así como la piedra sepulcral con nombres indígenas (…)”

“(…) A otra ruina la llaman el Campanario. Quedan por varios lugares (…) anchos cimientos, acusando varias líneas de muro, de donde se han extraído sillares en gran número, cuyo tamaño, a juzgar por los que allí quedan alcanzaban a 1,35, 0,65 y 0,40 m (…) y con muesca para suspenderlos”.

“Otras paredes hay de mampostería (…) una de ellas de planta semicircular, hecha con lajas que dicen el Horno. Vi también restos de un pavimento de baldosas, cuyo grosos es de 0,08 m y el largo excedía de 0,45; a su lado, trozos grandes de muros, tejas planas y crecida pila de escombros. Por todas parte, enormes macizos de lajas y sillares marcan el sitio de las casas, y en el río vése un gran tambor de columna echado allí desde la cumbre.”



En la década de los años 30 del s. XX, el erudito guinaldés Domingo Sánchez efectúa excavaciones y elabora informes, por desgracia hoy desaparecidos. También hace algunas fotografías estereoscópicas en algunas de las cuales aparecen diversas basas áticas de grandes dimensiones.

Describe la yegua (…) “profundos agujeros en el testud, donde quizá se acoplaran cuernos de bronce; una serie de entalladuras paralelas forman su morrillo y gorja (…) en la grupa se marca de bulto el rabo, arqueado sobre la nalga izquierda.”


En la década de los 50, el profesor Maluquer establece una serie de fases de ocupación del castro, concluyendo que existiría una etapa de la segunda Edad del Hierro y una posterior romana, altoimperial.



Los verracos

Las finalidad de estas esculturas, presentes en el territorio Vettón, han sido objeto de múltiples hipótesis, entre las que se encuentran su carácter idolátrico, su uso como piedras terminales de territorios o regiones ocupadas por distintas tribus, puntos de referencia para indicar rutas de trashumancia, monumentos sepulcrales, representaciones mágicas encargadas de fomentar y proteger la reproducción del ganado, divinidades protectoras de la ganadería o incluso estelas para cubrir una oquedad con cenizas funerarias.

En todo caso, muestran la importancia de la ganadería, aunque en un número importante aparecen en ambientes de carácter funerario. En Salamanca se han hallado 37 ejemplares (17 de los cuales están desaparecidos)



El despoblado del Villar

Cerca del Villar de Flores existe un despoblado, aparentemente con origen medieval. Tuvo una ocupación importante como demuestra la extensión de sus restos arruinados. Contó con una iglesia de la cual se puede observar aún la magnífica pila bautismal, tallada en una única pieza.

Se cree que la causa de la despoblación de la villa fueron las guerras con Portugal, especialmente la ocurrida en 1640-1669, dada su proximidad con la frontera. A finales del el s. XVIII ya eran utilizadas como dehesas.

Antes y después de cada conflicto el lugar estaba poblado, pero la villa y sus terrenos tenían propietarios nobles que cobraban arriendos por pastos y viviendas. En un momento dado los habitantes llegaron a la ruina. Como ahora pasa con las autopistas, el despoblado de Villar de Flores pasó a la Real Hacienda, primero en 1696 y tras un último intento de repoblación por el antiguo propietario, en 1719. Desde entonces se utilizó como dehesa como continúa siendo actualmente.




La mayoría de los datos que constan en este post los he obtenido de los artículos incluidos en el blog “Amigos del Castro de Irueña” y su facebook, principalmente, los siguientes:

-Excavación Arqueológica en el Castro de Irueña, Fuenteguinaldo (Salamanca)», Estudio Arqueología, bajo la dirección del arqueólogo Manuel Carlos Jiménez González 11/2016.

-Aplicaciones LiDAR a la topografía arqueológica: El Castro de Irueña (Fuenteguinaldo, Salamanca). Luis Berrocal-Rangel,Pablo Paniego Díaz, Lucía Ruano y Gregorio R. Manglano Valcárcel. 6/2017.

También constan datos de los artículos:

-Nuevo miliario de Augusto procedente de Fuenteguinaldo (Salamanca). Manuel Salinas de Frías y Juan José Palao Vicente. Universidad de Salamanca. 2012.

-Señoríos y Despoblados en el Rebollar. María Paz de Salazar y Acha (2004)

2 comentarios:

  1. Enhorabuena por el artículo. Una buena divulgación de Irueña. Esperemos que, aunando esfuerzos, podamos ir viendo como se recupera el lugar para la visita pública.Un recurso cultural y turístico.

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  2. Muchas gracias. Que no sea por falta de ilusión y ganas. Nuestro patrimonio cultural y natural debe ser algo que pasemos -mejorado en cada generación- de padres a hijos. Ojalá que se pueda disponer de los fondos necesarios para llevar a cabo la excavación arqueológica de Irueña y su posterior adecuación para ser visitada.

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